Efemérides navales de Puerto Rico

⚓️De La Habana a Mayagüez.

17 de septiembre de 1795, tal día como hoy hace 230 años llegaba a la rada de Mayagüez la goleta San Bruno, comandada por el teniente de navío Ramón de Echalar, procedente de La Habana donde había comenzado su misión de proteger un convoy de barcos mercantes, pero su travesía a Puerto Rico no estuvo exenta de peligros.

La Goleta San Bruno, conocida como “Bruna”, partía de La Habana en la mañana del 27 de agosto de 1795 con destino a Mayagüez. Esta pequeña embarcación era la encargada de proteger el convoy compuesto por el Gallego, un bergantín correo de España; y el Guerrero Montañés, un barco comercio de Cádiz; a los que se unieron a una fragata y a un paquebote ingleses a la salida del puerto.

Según dejó escrito el teniente de navío Ramón de Echalar, comandante de la goleta Bruna, el convoy navegó por el canal de Bahamas para encontrarse en la latitud N 28o 55′ al mediodía del 31 de agosto. En este punto, el comandante siguiendo sus instrucciones se separó del convoy y puso proa a su destino, llegando según su estima a 32 leguas al norte-noroeste de la Isla Abacu (actual Great Abaco, Bahamas) en la tarde del 1 de septiembre, cuando avista de vuelta encontrada a una corbeta, barco de mayor porte que la Bruna, que navegaba a toda vela.

La Bruna continuo su rumbo al Este, cuando su serviola avistó que la corbeta había virado para perseguirlos. El comandante ordenó presentar estandarte, pero la corbeta no contestó y continuó ocultando su bandera, aunque cuando se puso a distancia de tiro de cañón, el teniente de navío Ramón de Echalar pudo distinguir por su forro de cobre, su escultura de proa, su pintura y su tipo de construcción que se trataba de un buque americano. El mayor porte y armamento de la corveta hizo tomar la decisión al comandante de la Bruna de evitar un enfrentamiento suicida ante un barco del que desconocían su origen y bandera, comenzando entonces una trepidante persecución desde las 4 de la tarde de aquel primero de septiembre.

Bien entrada la madrugada, la corbeta llegó a disparar dos cañonazos con bala de grueso calibre, sin alcanzar a la pequeña Bruna que veía el amanecer del 2 de septiembre sin ningún daño. Ese día, los tripulantes de la goleta española seguían forzando trapo para escapar de la gran corbeta enemiga que no cesaba en su caza, el esfuerzo de vela era arriesgado ya que cualquier avería llevaría a perder la goleta, pero el teniente de navío Ramón de Echalar sabía que era necesario sostener con tenacidad un ligero de vela superior al que soportara la jarcia de la Bruna. El comandante observaba entre oraciones las maniobras de vela de la corbeta perseguidora que parecía empezar a desconfiar en capturar a la pequeña goleta española, según pudo interpretar al ver cómo aferraba sus juanetes, cargaba mayores y arriaba gavias, pero el suspicaz teniente de navío no confiaba en aquel buque que podía capturarlos con una maniobra maliciosa y sin forzar su trapo.

Llegada la media noche de aquel 2 de septiembre, el comandante permanecía en la popa de la Bruna oteando en busca de su perseguidor, y sin cesar en su recelo mandó orzar Este-Noreste y luego al Sur, antes de guarecerse bajo la cubierta para intentar tomar un descanso. Para alivio del comandante, al amanecer del tercer día de septiembre, Ramón de Echar pudo asomarse a la popa de su barco y reconocer un horizonte limpio de cualquier embarcación, por lo que decidió que habiéndose desviado hasta el paralelo de 30o y medio, debía corregir su rumbo dirigiendo su recalada a la Isla de Puerto Rico, donde debía dar resguardo a los cruceros de La Cabeza de San Juan, Desecheo y la Mona.

Al fin llegó aquella mañana de mediados de septiembre, tras 21 días de navegación, en la que la goleta Bruna divisaba La Punta de la Aguadilla y horas más tarde daba fondo en la Bahía de Mayagüez. En este puerto su tripulación encontró el descanso de anclar en casa con el objetivo cumplido y el afán de componer el velamen , arreglar las jarcias y hacer aguada, antes de partir hacia su próximo destino, Santo Domingo. Y así lo dejó plasmado de su propio puño y letra el teniente de navío Ramón de Echalar, abordo de la goleta San Bruno al ancla en la rada de Mayagüez en Puerto Rico, a 17 de septiembre de 1795.

💻 Redacción: Manuel Minero González. Museo del Mar. San Juan de Puerto Rico.

🖼️ Fuentes ilustrativas:

– Ferrer-Dalmau, A. (2013) Caza al amanecer. Valladolid, España.

– Mayagüez (Puerto Rico). Ramón de Echalar, comandante de la goleta San Bruno, informa de los motivos de su llegada y el objetivo de su misión [19.140]. Varios buques sueltos y sucesos de Indias. Caja 19, Documento 140. Biblioteca del Ministerio de Defensa de España.

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